Para ser un buen preparador, los objetivos no solo deben ser claros y realizables, sino ser adaptables a la realidad de cada atleta. Esto se gana con experiencia, puesto que deberíamos visualizar la situación actual y el futuro, de acuerdo a una posición «transparente» hacia un cliente.

Los objetivos deben ser cortos, para que formen parte de un «TODO». Si lo hacemos a muy largo plazo, las cosas se pueden distorsionar y el atleta, o puede desmotivarse y dejar la preparación o desviarse del camino trazado. Además debes respetar la fisiología y cómo la mente está preparada para asumir las responsabilidades.

Todos quieren ganar músculos, perder peso, definir, estar saludable, etc, etc. y, todo al mismo tiempo. Eso debe hacerse por consecuencia de algo, primero tener una base muscular y luego ir quemando etapas y, en esto el preparador debe ser realista, para hacerles ver las consecuencias de hacerlo de una forma u otra.

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